El hombre guía
Muchas personas se preocupan por la extinción de las ballenas, los cóndores o las focas, y sin duda son causas importantes. Pero existe otra crisis aún más profunda: la desaparición de hombres capaces de guiar a su familia con amor, firmeza y responsabilidad. El verdadero líder del hogar se ha convertido en una especie cada vez más escasa.
El doctor James Dobson expresó una verdad contundente: “La supervivencia de nuestra sociedad dependerá de la presencia o ausencia del liderazgo masculino dentro del hogar”. Y aunque muchos quieran ignorarlo, el padre sigue teniendo un papel fundamental en la estabilidad espiritual y emocional de su familia.
La batalla contra la familia no comienza destruyendo el hogar completo; comienza debilitando al hombre.
Cuando un padre se vuelve indiferente, pasivo o distante de Dios, el hogar pierde dirección. Pero cuando decide seguir a Cristo y asumir su responsabilidad espiritual, también enfrenta oposición. El enemigo sabe que, si logra neutralizar al líder, afecta a toda la familia y, en consecuencia, a las próximas generaciones.
Por eso, cada hombre debe preguntarse: ¿qué estoy haciendo para cuidar mi matrimonio? ¿Qué estoy sembrando en la vida de mis hijos? No se trata únicamente de la labor de la iglesia, de la escuela o de la esposa; se trata de la responsabilidad personal de un padre que entiende el valor de su influencia.
Dios estableció un modelo para la familia: un hogar donde Cristo sea el centro.
En la Biblia, Dios brindó un modelo de cómo debe funcionar la familia. El padre es la cabeza del hogar y, junto con su esposa, cría a sus hijos en un ambiente donde Jesucristo es el centro. La Biblia debe ser el libro más importante del hogar. Es responsabilidad de ambos padres, y en última instancia del padre, asegurarse de que los hijos crezcan en un entorno que les permita convertirse algún día en padres competentes y responsables. Esto garantiza la continuidad de la familia bíblica para la próxima generación.
El enemigo siempre intentará dividir al esposo y a la esposa, porque un matrimonio dividido pierde fuerza. Pero cuando ambos permanecen unidos en Dios, se convierten en una base firme para sus hijos.
Un hogar unido no significa un hogar perfecto, sino uno que aprende a enfrentar las dificultades desde la fe, el respeto y el compromiso.
Cuando la familia construye su vida sobre la verdad de Dios, encuentra dirección, sabiduría y estabilidad. Los hijos necesitan padres que no solo hablen de valores, sino que los vivan diariamente. La fe se transmite más por el ejemplo que por las palabras.
El padre junto con la madre, deben crear un ambiente de confianza donde los hijos puedan hablar, preguntar y crecer seguros. Un hogar saludable no se edifica desde el miedo, sino desde la cercanía, la verdad y el amor.
Hoy más que nunca hacen falta hombres dispuestos a asumir su lugar con valentía. Hombres que amen a su familia no solo con palabras, sino con su presencia, su carácter y su ejemplo. Si los hombres cristianos se prepararan, se pusieran en formación para la batalla y comenzaran a ejercer su liderazgo, podríamos cambiar rápidamente el rumbo de esta guerra.
Muchos estarían dispuestos a morir por su familia; pero el verdadero desafío es vivir cada día por ella, guiándola con fe, integridad y amor.
En la mayoría de las guerras eso es lo que se les pide a los hombres: ir a luchar porque están dispuestos a morir por sus familias. Pero esta guerra es diferente. Jesucristo está buscando hombres que estén dispuestos a vivir por sus familias. Eso es lo que Él quiere que hagas. En la guerra espiritual contra la familia, el padre es quien mejor puede ejercer el liderazgo.
Steve Farrar
Extracto adaptado del libro: “El Hombre Guía”